Tercer Momento

Cada vez que recuerda el momento más feliz que le ha dado la vida, sonríe con un placer nuevo, que parece no conocer, porque de verdad parece que nunca más fue tan feliz como en ese momento.

¿Será que sólo ahí, en la cuarta década de su vida, asomó la felicidad para quedarse un rato?    tal vez hizo algo en esta vida que le valió de premio ese ratito de felicidad.

Recordarlo ahora serenamente, sin esconderse de nadie, ni huir de lugares comunes, es realmente grato.

Ha pasado una gran cantidad de años y aún recuerda esos ojos.  Recuerda el milagro de su nombre, cómo no: Loreto.  Y el sentimiento que lo envuelve es el mismo, incluso aún siente esas maripositas en la panza; ese ligero temblor; esa ansiedad por saber ¡qué cresta va a pasar!

Nada podía hacer, no podía comenzar otra actividad porque no podría concentrarse.  Lo cierto es que todo su cuerpo y mente estaban concentrados en la visita de ella.  La primera vez que se verían cara a cara o mejor dicho, que ella lo conocería porque él ya la sabía.

Son recuerdos que no olvida, ningún detalle, todo está ahí, tal como fue.  Ama recordar esa escena y al hacerlo no omite nada, ni cambia, ni agrega nada en su mente; deja seguir el recuerdo de todo lo que pasó sin oponer resistencia alguna y es que fue todo tan de ensueño.  Así como su voz, cargada de una dulzura que se podía saborear, enriquecida con los matices propios de la coquetería femenina, femenina como su andar.

Sí, verla caminar siempre fue una delicia: de paso firme pero cadencioso sin mayor contorneo, como una modelo sobre la pasarela.

¿No será que su memoria, en estos años le ha ayudado a sobre valorar la imagen de esa mujer?

Pero instantaneamente se responde que no.  Él no mueve nada en sus recuerdos acerca de ella, mucho menos en ese momento.  Recuerda exactamente qué vestía aquella vez, toda de negro, esbelta, bella, elegante.

Sabe que ahora no viene al caso, pero de eso sí se arrepiente: no recuerda haberla piropeado.  Y debe ser cierto porque él no ha perdido nada en su recuerdo de ese día; tal vez de otros recuerdos de Loreto, de otras situaciones, haya olvidado algunas cosas, pero de ese día está completamente seguro que no olvida nada.

Cómo podría olvidar sus ojos por ejemplo, está seguro que ella es la única que tiene ese par de ojos, con esa forma y de ese color.

Aunque ya hay alguien que tiene idénticas características en los ojos, los más bellos eran de ella.

Aún ahora es fascinante recordarla.

Aún ahora que no está.

Aún ahora, que recuerda cómo sufrió al momento de su partida.

Es cierto que ya no está con él, pero los cielos han ganado otro ángel.

Es cierto que ya no está con él, pero pronto abrirá la puerta, esa personita que le da otra razón de vivir: su adorada hija Micaela y lo mirará con esos verdes y hermosos ojos que heredó de su madre.

 

Jueves, 26 de Marzo de 2009 17:18 Autor: juan carlos muñoz. #. Tema: Agosto 14.

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