La espera

Felipe llega al lugar acordado casi corriendo, está ansioso.  El punto de encuentro es la parada de buses de esa bocacalle.El semáforo frena su impulso de atravesar enseguida y aprovecha de dar una mirada al paradero del frente.  Ella no está, mira su reloj y respira profundo.  Ha llegado con diez minutos de antelación.  No se incomoda, la espera valdrá la pena, de eso está seguro.  Se mira en el reflejo de la publicidad que hay a su lado y se observa por un rato.  Se desconoce pues nunca se había dado tiempo para arreglarse de esa manera; claro, la ocasión amerita un mayor cuidado de su persona: su negro cabello agelado y bien peinado, inmejorable afeitada, sus mejores y pocas veces usadas prendas, zapatos perfectamente lustrados y el perfume que le sacó a su padre.Así es, la ocasión lo amerita, pues será su primera vez, para él y Francisca.El semáforo es de tiempos largos para los vehículos.  De este lado de la calzada la gente comienza a juntarse; del otro lado también.  Los dos grupos parecen ávidos en cruzar la calzada.  Felipe imagina que todos cruzarán la calle para juntarse con Francisca, y de un momento a otro darán la partida para pelearse la cita con ella.  Cada vez hay más gente en ambos costados y se miran con menosprecio.  La batalla será dura, pero Felipe confía en su fe, en el amor por Francisca.  Todos saben que uno solo será el vencedor.El semáforo está en amarillo y Felipe se prepara para dar con todo a sus rivales.La luz verde  indica que el torneo ha comenzado y Felipe sale en busca del triunfo.  Golpea, le golpean.  Esquiva, le esquivan.  La luz del semáforo está pestañando y aún no llega a la acera.  Da los últimos topones y empujones y pisa la vereda justo cuando la luz roja se ha encendido.En su mente, Felipe ha sido el vencedor de la justa y una multitud de personas le vitorea y grita su nombre.  Luego de una humilde celebración, se dirige al paradero con paso lento.  No quiere parecer deseoso.  Tal vez Francisca ya llegó y se esconde en algún lugar para observar sus movimientos.Ya ahí, se confunde con la decena de personas que espera un bus.  Ha llegado sin hacer ruido, como si quisiera no ser visto.  Y Felipe advierte que no le han notado, entonces juega a que nadie le verá, que es invisible.Y parece que así será pues todos están preocupados de la hora y su respectivo bus.  Se acerca a una bella mujer y huele su perfume, la mira con descaro, ella es estupenda, pero no se ha inmutado.  Aún así, Felipe se aleja de ella pues vuelve a recordar que Francisca puede estar escondida por ahí.La recuerda.  Si él se ha preocupado por verse bien, imagina que Francisca se ha esmerado por verse fantástica; tal vez se pondrá la falda que a él le gusta porque descubre sus hermosas piernas, esa blusa que le queda tan bien y se soltará el cabello para verse más sensual.  Todo por agradarle.Un espasmo lo saca de sus pensamientos, ve el reloj y el rostro le cambia: ya ha pasado la hora indicada y Francisca no aparece.  La noche comienza a caer.  Se voltea impaciente y cae en la cuenta que hay más personas en el paradero, que aún está pasando desapercibido, como si realmente fuera invisible.  Para probarlo, se pasea entre ellos lentamente.  Nadie lo mira, nadie lo evade.  Entonces una sonrisa triunfal nace en su rostro.  Es cierto, piensa, nadie me ve.  Como la rabia comienza a cundir es bueno buscar una excusa para dar de golpes a alguien.  Mira a su alrededor, hay varias señoras; un señor con sus hijos; la mujer estupenda; colegiales; dos universitarios y dos mujeres con bolsos.  Decide irse encima de los universitarios.  Da un empujón y el muchacho lo recrimina por la acción, Felipe le da un golpe en el rostro y recibe uno en el propio, por parte del amigo del universitario.  Lanza una patada que lo dobla, el otro se va en demanda de él, dando manotazos al aire y con la cabeza apuntando a su estómago, pero lo detiene con una trompada y lo manda de bruces, junto a su compañero en el suelo.  De pronto la luz de la publicidad en el paradero se enciende y lo perturba.Todos están ahí y no ha pasado nada.  Los universitarios sin un rasguño y él ha vomitado toda la rabia que se le acumulaba.  Todo ocurrió en su mente, pero de alguna forma le ha ayudado a sentirse mejor.Nuevamente se acuerda de su amada.  Sería imposible que no viniera a la cita.  Tanto tiempo preparando este día, con tantas ilusiones y fantasías por cumplir o aprender.  No, Francisca no fallaría, aunque está retrasada, pero qué importa si las mujeres se retrasan siempre.Por mientras, continúa jugando a ser invisible.  Se pasea..  La ve aparecer por  la vereda del frente y su boca queda abierta.  Está bellísima, es más, todos se vuelven a verla.  Irradia belleza.  Viste tal como él la imaginaba.  Se ve mejor de como esperaba.  Mientras cruza por el paso de peatones una luz la rodea: es su aura que tiene un color especialmente bello.De pronto, alguien le dice que le permita pasar y un bus está frente a él.  Sube gente a ese bus.  Cierra la puerta y se marcha.  Dirige su mirada hacia donde viene Francisca y ya no está.  Su ágil imaginación la vio.  Pero lo cierto es que no llega, pasa sus manos por el mentón de barba crecida y esconde su desesperación.  Continúa su paseo.  Ya perdió interés en jugar al invisible.  Vuelve a pensar en Francisca.Quizá se arrepintió, saca su celular y alcanza a marcar tres dígitos y guarda el móvil.  Sería asustarla aún más, tal vez ella ya viene; tal vez la locomoción es lenta.  No quiere ni pensar en que pudo ocurrir un accidente, para no llamar malas ondas.Una vez más pasa por el aviso del paradero y se mira.  Su cabello blanquinegro y algo más crecido le recuerda la larga y rubia cabellera de Francisca.  La misma que añora tener en sus manos, peinar y acariciar.  Los recuerdos de ella parecen alejarse, será que la ansiedad le está jugando una mala pasada.Continúa con su paseo, pero se siente cansado y con algo de frío. La noche está cerca.No quiere ver el reloj para no darle vía libre al enfado nuevamente.  Se sienta en el paradero, aún parece ser invisible a los demás, aunque hay solo una persona más.  Pero ya no le importa.Acomoda sus cabellos blancos detrás de sus oídos y rasca su barba.Felipe recuerda los buenos momentos que pasó con una novia, que ya no recuerda bien cómo se llamaba ni tampoco su rostro, pero le gustaría dormirse con su recuerdo, soñar con esa mujer y que algún día hicieron el amor.Se recuesta en el asiento del paradero, se acurruca y el cansancio propio de las personas que han vivido su tiempo, lo duerme rápidamente.

Lunes, 08 de Octubre de 2007 02:56 Autor: cuentosdejuanka. #. Tema: Formas.

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